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GRACIAS POR VISITARNOS - Las mentes más profundas de todos los tiempos han sentido compasión por los animales. Friedrich Nietszche

sábado, 22 de febrero de 2014

Descubrió que ayudar es la mejor forma de ayudarse

Juan Pablo Rodríguez dejó atrás las drogas y se resguardó en la solidaridad. Desde hace meses, recolecta donaciones para ayudar a familias necesitadas.

Durante 20 años, Juan Pablo Rodríguez se la pasó ahogando su nariz en pólvora blanca. Ausente, para su familia y para sí mismo. Un miércoles por la madrugada, hace unos cinco meses atrás, el diario íntimo de su hijo mayor, de apenas 11, le escupió en la cara la realidad que lo rescató del desierto de las adicciones. La caligrafía infantil de Valentín lo detuvo en la cornisa y la solidaridad –no recibirla, sino ofrecerla–, encauzó su vida.
El diminuto espacio donde funciona su local de tatuajes hoy está alborotado por bolsas con ropa usada, bidones de agua, cajas de leche, zapatillas y alimentos. Su casa, un garaje donde vive junto a su mujer y sus cuatro hijos, está igual. En los últimos tres meses, viajó cinco veces al norte cordobés para llevar donaciones a 70 familias. Además, promueve campañas para asistir a personas que necesitan mejorar su calidad de vida.

Solidaridad a pulmón

“Consumía desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche, no sabía nada de mi familia, ni sé cuándo mi hijo aprendió a andar en bicicleta. Cuando leí eso que mi hijo pensaba de mí, el dolor que sentí fue incluso mayor que el día que murió mi viejo. Desde ese momento que ya no toco nada. Pero ahí me plantee, ‘¿y ahora qué hago?’, y... voy a ayudar gente”.

Juan Pablo habla desde atrás de unos ojos celestes que se empañan entre recuerdo y recuerdo, pero que no gotean. Después de ir a un centro de rehabilitación, comenzó con una campaña, de la cual hoy sobrevive el nombre y las ganas de ayudar.

“Si lo único que sé hacer es tatuar, pensé en cambiar alimentos por tatuajes a los hinchas de mi club, Belgrano”, recuerda. Así comenzó todo. “Un tatuaje por una sonrisa” se hizo a principios de diciembre, a medias, “porque desde el club no tuve mucho apoyo”. Sin embargo, la campaña que sostiene a pulmón día a día conserva el nombre, y así se llamará la fundación que dice que algún día tendrá. “Porque si no sos una ONG, muchas empresas no te dan nada”, reclama este tatuador de 36 años.

Con una trafic que le facilita el Ministerio de Desarrollo de la Provincia, “y gracias a Jorge Lawson (actual ministro de Comunicación)”, remarca, partió al norte de Córdoba, con sus hijos, su mujer y algunas personas que se sumaron cuando lo publicó en Facebook. “No hace falta irse muy lejos para encontrar pobreza, el primer viaje fui a Cruz del Eje, Soto, Tuclame, y ahora también a la zona de Serrezuela, Iglesia Vieja, La Pirgua, Cachiyuyo. Están olvidados, no tienen nada”, protesta.

A través de su perfil en Facebook y mediante el boca en boca, la gente se va enterando de lo que hace Juan Pablo y acerca sus donaciones todos los días. “Hasta la gente de La Fiel me trajo juguetes”. Los viajes son cada 15 días, cierra su negocio, carga a su familia, y van casa por casa entregando cosas. “Cuando vamos, la gente ya nos espera en la puerta. Los otros días uno de mis hijos me pregunta `papa, ¿ya sos famoso?´ y me dijo que quería ser como yo, cuando hace cinco meses yo no existía para nadie”, cuenta, sin procurar ocultar la emoción.

Pero no solo recibe donaciones, días atrás, viajó a Carlos Paz a llevarle ladrillos y alimentos a una joven pareja cuyas bebas sufren la enfermedad de “piel de cristal”. “Me avisaron de la situación, que los estaban por desalojar”, dice, sorprendido porque cada vez más se le acercan para contarle de alguien que necesita ayuda.

Además, llevó comida y una heladera para la familia de Ariel, el niño que fue noticia por haberse perdido en las sierras. Ahora, está en plena campaña para ayudar gente que golpeó la puerta de su negocio, solo con esperanzas de ayuda. Se trata de Silvana Aguirre, la cordobesa atropellada por un auto en 2011 y que quedó postrada y a Julieta, una beba de 10 meses que tiene cáncer en el ojo y cuyos padres necesitan dinero para permanecer en el Garrahan.

En medio de todo esto, su negocio –con donaciones incluidas–, fue vaciado en los saqueos de diciembre, y su madre murió de cáncer hace 20 días. “Cuando murió, revisé su cartera y encontré que tenía los recortes con notas que me habían hecho. ¿Sabés lo que es eso para mí? Yo no puedo dejar de hacer esto, pero tampoco puedo solo, necesito que se difunda para poder ayudar a más gente”.
fuente: lavoz.com.ar

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