La historia parece insólita, sin embargo, es uno de esos casos que podría ocurrirle a cualquiera. Estar de viaje, salir a hacer deporte y que te pique un bicho. Hasta ahí nada extraño, salvo que ese insignificante animal sea un tipo en su especie que habita en los ciervos y cuya picadura puede generar síntomas parecidos a la esclerosis múltiple.
Esto es lo que le sucedió a David, un joven cuya vida dio un giro de noventa grados. Pasó de tener las típicas preocupaciones cotidianas a prácticamente no poder caminar y perder la capacidad del habla.


