Una práctica clandestina de la que se sabe muy poco. La ley que las prohíbe en la Provincia no se cumple y en el resto del país, donde proliferan, hay un vacío legal.
La tranquera se abre y los galgos salen disparados detrás de un pedazo de “cuero” sin saber que el primero que llegue a la meta puede engrosar los bolsillos de su dueño hasta con más de 150 mil pesos.

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