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viernes, 4 de septiembre de 2015

La vida de película de Ñero, el policía de cuatro patas de Bogotá

Este schnauzer que patrulla las calles del barrio Diana Turbay tiene una historia increíble.
Siempre es el primero en presentarse a guardia. Llega con su uniforme impecable, el mismo que una vecina le diseñó a medida. Se pone delante de sus compañeros y escucha atento las órdenes del comandante. Se apresura para subirse a la moto en la que recorre las calles del sur de Bogotá.

Tiene cuatro patas, bigotes, una pequeña cola y una actitud incondicional. Es Ñero, el perro policía que desde hace ocho años patrulla el barrio Diana Turbay, en la localidad de Rafael Uribe Uribe.

Dicen quienes lo conocen que no es un perro policía normal. No fue amaestrado. No es de las razas que adiestran tradicionalmente las autoridades. Es un pequeño schnauzer negro de 8 años al que ya se le nota la edad en sus blancas barbas y las cicatrices de su oficio en su torso.
Su historia –insisten los uniformados– es increíble. Estuvo perdido tres meses y pudo regresar; logró sobrevivir a un accidente que incluso dejó un policía muerto y otro herido; ha sido sometido a cirugías para seguir caminando; fue atropellado por un carro fantasma y hasta recibió una puñalada.

Ñero tal vez no es consciente de sus proezas, pero los vecinos que lo ven siempre junto a la Policía sí lo reconocen como todo un héroe.
“Es querido por toda la comunidad de los barrios Palermo y Diana Turbay, tanto, que las familias han venido con sus hijos para tomarse fotos con él cuando está uniformado”, afirma el subintendente José Daniel Yepes, quien se dice su mejor amigo.

Hoy es tratado como un miembro más del CAI. En parte, porque algunos uniformados aseguran que en él está el espíritu del patrullero John Edward Morales, quien falleció en la esquina de la calle 49 sur con carrera 3.ª, hace unos cuatro años, luego de que un bus embistiera la moto en la que se movilizaba con otro compañero, José Lucano Castellanos, y el propio perrito.

Muchos dicen que mantiene los ademanes de su difunto amigo. Otros aseguran que el alma del agente permanece en el pequeño cuerpo de cuatro patas. También cuentan que el porte y la elegancia que el schnauzer negro muestra al permanecer firme en la motocicleta son los mismos de Morales. Ñero no entiende de eso, solo sigue cumpliendo con su deber. “Alrededor del CAI hay otros perritos pero ninguno como él. Su valor es innato y su compromiso con el servicio es increíble”, asegura el policía Yepes.

Policía desde cachorro

A Ñero desde los patrulleros hasta los coroneles del sector le manifiestan cariño y cuidado. Explican que su nombre es por ‘compañero’, la forma como todos se llaman en la estación. No en vano fue encontrado en la calle cuando era un cachorro por un policía –ya trasladado– que lo llevó al lugar.

Es un perro callejero, pero tiene su propio resguardo en esa estación y va cada vez que tiene frío o hambre. Quienes allí trabajan hacen colectas para comprarle su concentrado e, incluso, llevarlo al veterinario que lo deja con la pinta digna de todo un oficial. La misma que luce a bordo de las motocicletas de la institución.

El subintendente Yepes fue quien grabó a Ñero recorriendo en moto las calles. El video del canino patrullero –mirada al frente, orejas arriba– llegó a redes sociales y allí se volvió viral.

Volvió vivito y coleando

Un día cualquiera de este 2015 Ñero no apareció. No se presentó a la guardia ni se le vio recorrer las tiendas del sector en busca de las porciones de salchichón que tanto le gustan y le regalan. Los policías lo buscaron sin éxito durante tres meses. Pensaron lo peor.

Sin embargo, así como se fue, volvió a las puertas de la estación vivito y coleando. Luego se supo que una vecina lo creyó perdido y se apropió de él. Ñero se le escapó tan pronto pudo para regresar a casa.

Dicen sus compañeros que tal vez se perdió al perseguir algún vehículo de la Policía, tal como le sucedió hace dos semanas, cuando resultó en El Campín.
“Algunos residentes del sector comentan que dentro del perrito hay un pequeño policía. Cuando Ñero baja a la estación, para orejas y se ubica en la formación para escuchar qué dice mi coronel”, agrega Yepes.

A Ñero una vez le dieron una puñalada. Los policías apuntan a que manos criminales que pretendían afectar a la estación fueron quienes lo hirieron con arma blanca en el costado izquierdo. “Es un perro sobreviviente, en diferentes ocasiones han intentado hacerle daño, por eso tiene varias cicatrices en su cuerpo”, insiste el patrullero.

Varias de esas heridas se las debe a otro accidente que sufrió hace dos años, cuando merodeaba por el barrio y una camioneta fantasma lo arrolló.

Recuerda el doctor Gustavo Adolfo Carrillo, su médico veterinario de cabecera, que al canino en ese entonces tuvieron que ponerle clavos en una de sus patas traseras fracturada y reconstruirle la piel. Al final, cicatrices de guerra para un luchador.

Ñero no es un perro cualquiera ni un compañero cualquiera. Ha llevado, a su manera, una vida extraordinaria. Ya tiene sus años pero, tal y como asegura el doctor Carrillo, tiene todavía mucha vitalidad para seguir recorriendo los cuadrantes del barrio Diana Turbay como si fuera un cachorro. O un joven policía.

MARCELA APOLINAR Y RONNY SUÁREZ
ELTIEMPO.COM

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