FELICES DE PASEO. El creador de la bicicleta, Diego Blas, disfruta junto al niño que fue de inspiración para su proyecto, Ernestito Aráoz. LA GACETA / FOTO DE FLORENCIA ZURITA
A Diego José Blas le tiemblan las manos. Está a minutos de obtener su título universitario. No son los nervios. Es la emoción. Se le caen las lágrimas. Tiene en frente el “proyecto de su vida”. Y le cuesta explicarlo. Las palabras se traban en su boca. Podría haber sacado un 10. Fue 8. A él no le importa. Afuera del aula lo espera la sonrisa más tierna que conoció: la de Ernestito, un niño de 12 años que sufre parálisis cerebral. Fue la historia de este pequeño la que disparó una gran idea: una bicicleta terapéutica que le permite a quienes padecen esta discapacidad fortalecer su aparato respiratorio, su musculatura y sentir, por primera vez, el viento golpeando en sus caras.

